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UN DÍA EN HUERTO PÍO

"Nos entusiasmamos mucho los alumnos de 4º, cuando los profesores nos dijeron que iriamos en el 2º trimestre a Huerto Pío", lugar emblemático cerca de La Unión, antigua casa de campo de Don Pío Wandosel, famoso empresario de las minas de La Unión que ya en 1900 amasó una buena fortuna, y que ahora sus nietos, habían cedido parte de la villa a ser un auténtico santuario del ciprés cartagenero, tetraclinis articulata o sabina mora.

Árboles autóctonos e irrepetibles en esta zona cartagenera del sureste, que están en extinción, y son los auténticos pinos de nuestro paisaje cartagenero.

La fundación Huerto Pío, pertenece al proyecto de la asociación de la sierra minera, que se dedica a que no se pierda nada, respecto a la flora, la fauna y las costumbres de la sociedad minera, industrial y cantaora, que floreció en el siglo XX.

Nos preparamos la comida del día, y organizamos la salida del colegio. Allí nos esperaban dos simpáticas monitoras del huerto; Cristina y Rebeca. Nos enseñaron muchas cosas, entre otras, como sacaba la mula el agua del pozo, el pequeño y bello museo de molinos de viento, artesanía del esparto, bosques salvajes llenos de tetraclinis y plantas olorosas, madrigueras de animales, pieles de serpientes y cabezas de cabra. Además vimos un invernadero, y plantamos una semilla en macetas que nos regalaron.

Comimos al terminar la visita, y caminamos un rato por el monte donde pudimos ver todo el mar menor y parte del campo de Cartagena.

Estuvimos fuera de casa, en plena naturaleza, con nuestros amigos, hartos de patatas fritas, caminando por el monte, recogiendo nuestros plásticos y papeles, y nos lo pasamos genial. Luego volvimos al colegio con nuestros compañeros y maestros y a casa a descansar.

Pero aquella noche, antes de dormir, sentí ese olor a romero y lavanda que tenía el huerto, esa pradera salvaje de vinagretas y limpiarme los dientes con el lentisco, ese bello arbusto que cocinan los pastores.

Que pino tan bonito que tenemos, se abre como torres hacia el cielo, es más duro que una muralla, y encima apenas necesita agua, sólo cariño.